martes, 11 de agosto de 2020

Finca Collado: El valor de la terreta

 

Varios caminos estrechos y sinuosos te hacen llegar a Finca Collado. El calor es pegajoso y si osas bajar la ventanilla del coche para tratar de ver mejor el camino, recibes la bofetada de la humedad del Mediterráneo, que no se divisa pero puede sentirse en el ambiente. Después de dejar a un lado olivos y árboles varios, al fin te encuentras con una bella construcción en color arena que parece construida naturalmente con las brisas de la zona. Enclavados en un valle franqueado por la Sierra de Salinas, los viñedos se disponen alrededor de la bodega sorteando pinos y monte bajo. Si cerrásemos los ojos, bien podríamos pensar que estamos en cualquier parcela de la Sierra de Gredos sintiendo aromas de tomillo y mejorana.

Aunque la superficie de viñedo, unas 15 hectáreas, sólo ocupa una décima parte del total de la superficie del terreno, la uva ha sabido convertirse en la protagonista del paraje y la familia Castelló, propietaria de la finca, ha decidido darle la importancia que se merece, que siempre se merece, para crear un interesante proyecto que ha ido cogiendo forma en las dos últimas décadas y del que están recogiendo sus frutos gracias a su apuesta por la tradición y la vuelta al origen.

Las variedades francesas como Merlot o Syrah, plantadas con anterioridad, están dando paso a variedades autóctonas españolas como la Malvasía, Bobal y Merseguera, que próximamente serán embotelladas en lotes de tan solo 1000 botellas.

Otra característica diferencial de la finca son sus suelos, en especial la parcela cercana a la Laguna de Salinas, de donde salen las uvas para elaborar su vino más especial, Vi de Sal. Las viñas en vaso de variedad Monastrell de la zona están al límite de su salinidad y acaban colapsando y produciéndose una gran concentración de acidez y azúcares. El resultado es un vino mineral, fiel expresión del terruño y de este fenómeno natural, un monastrell único e inimitable.



Una bodega que cuida al detalle la elaboración de sus vinos, sin abusar de automatismos en sus instalaciones y siguiendo paso a paso muy de cerca cada proceso demostrando que en ocasiones menos es más y que las apenas 60.000 botellas anuales que producen pueden dar como resultado vinos para públicos y momentos variados.

FincaCollado tinto, blanco y rosado, vinos fáciles de beber para momentos desenfadados entre amigos.

Fet aMà, un Monastrell con la tipicidad mediterránea y un toque justo de madera que le aporta algo de complejidad aromática.

Delit, un vino de alta expresión resultado de un viñedo viejo de Monastrell. Un auténtico vino de parcela.

Por último Vi de Sal, ya mencionado, ese vino nacido de la dificultad y el afán de supervivencia de la viña.

En el plano enoturístico, la bodega plantea una visita sencilla, como ha de ser, sin tecnicismos, hablando sobre todo del origen y el significado de los vinos porque las bodegas son eso: Historias, sueños y poder de superación y no solo fríos depósitos de acero, prensas y barricas.

Sin duda el mensaje te llega, el valor del vino, el valor de la terreta.


Finca Collado

Carretera de Salinas Villena, s/n, 03638 Salinas, Alicante

www.fincacollado.com

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miércoles, 22 de julio de 2020

Bodega Cristo del Humilladero: La Encrucijada del vino

Cadalso de los Vidrios, como muchos otros pueblos de España, se halla en una encrucijada de caminos. A escasos kilómetros de la provincia de Ávila y la característica Sierra de Gredos que han hecho suya a pesar de que abarca también otras provincias y a escasos kilómetros de la llanura toledana de Almorox. Los vientos cálidos de la planicie manchega contrastan con las noches frescas de la sierra, aportando a la zona un clima más que propicio para el cultivo de la vid.
Fue allá por el año 1957 cuando un grupo de 80 personas del pueblo, agricultores o simplemente propietarios de tierras y viñedos deciden fundar la Cooperativa del Cristo del Humilladero. Eran tiempos difíciles en una España que no terminaba de arrancar y en donde numerosos hombres de campo se asociaban para tratar de dignificar la profesión, conseguir un precio justo por su trabajo y tratar de unificar criterios en la producción vinícola.
Con el tiempo y la llegada del siglo XXI, la enorme competencia imperante en el sector y el aparato publicitario de las grandes bodegas han hecho que muchas cooperativas de nuestro país no hayan podido o sabido adaptarse a los nuevos tiempos, llegando incluso a desaparecer.
Este no es el caso de la Bodega Cristo del Humilladero, que ha sabido conjugar la tradición y la viticultura clásica de los vinos de pueblo con nuevos avances y maneras de elaborar. 



Las más de 100 tinajas de hormigón podrían albergar más de un millón de litros de vino que sin embargo no albergan más de 500.000 litros por vendimia, apostando por los vinos de calidad y las elaboraciones varias.
Garnacha, Tinta de Toro, Syrah, Graciano, Merlot, Listán Prieto y Albillo son las armas de la bodega para elaborar vinos con una gran relación calidad - precio que no solo llenan las vinotecas de los restaurantes de la zona, sino que también se exportan a países como Finlandia o Estados Unidos.
Lo especial de las instalaciones no ha pasado desapercibido para muchos productores de vinos que se salen de la norma y que han querido utilizarlas para ensamblar vinos de montaña con carácter propio, como son las famosas garnachas del Comando G.
Aquellos hijos y nietos, unos 120 en la actualidad, de los que hace ya más de 60 años comenzaron el sueño de la Cooperativa, luchan con ilusión y esfuerzo contra la adversidad para preservar un legado no solo material, sino también inmaterial como son esos vinos de pueblo, de carácter indómito, mimados por las nuevas tecnologías pero con el alma de la tierra en donde han nacido.
La bodega Cristo del Humilladero bien merece una visita  para no olvidar el origen del vino de pueblo, porque el Enoturismo no es únicamente la visita de bodegas estandarizadas, sino también la vuelta a los orígenes.
Saber de donde venimos para saber hacia donde nos dirigimos...

Bodega Cristo del Humilladero
Calle Extramuros s/n
Cadalso de los Vidrios
Visitas: Sí
Actividades en bodega: Sí
Organización de eventos: Sí
Tlf: 91 8640063
email: bodegacadalso@gmail.com
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miércoles, 13 de mayo de 2020

Sidreria Corripio: El Madrid que hemos perdido

Hace algunos meses me encontraba tomando un vermut en uno de esos bares de Madrid que se han ganado a sueldo su fama por la simpleza, en el mejor de los sentidos, de su oferta. Lugares de barrio sin florituras en donde te miman con buenas tapas de toda la vida y charla amable si la pides. El Churruca, es uno de esos bares que sobreviven al postureo imperante de Tribunal y Malasaña porque es un bar sin pretensiones. Allí apareció un hombre alto y vigoroso a pesar de su edad ya algo avanzada. Sin duda, le reconocí al instante. A pesar de mi timidez, me acerqué a él y le comenté que iba mucho a su bar, El Corripio, hace 20 años, cuando empecé a salir con mi mujer. Al hombre y a su mujer le hizo una ilusión tremenda. La parte negativa y triste vino cuando le pregunté por su hermano, aquel camarero afable que hablaba con nosotros y nos rellenaba gratis de vez en cuando el mini de vino alegre, un vino dulce tipo moscatel suave como el viento de verano. Me comentó que había muerto hace un par de años y eso me entristeció, como si me hubiesen arrancado una parte de mi juventud. Como considero que en la vida debemos recordar a las personas que de una u otra manera nos han marcado, quiero recuperar el artículo que escribí hace ya siete años sobre este emblemático lugar de la calle Fuencarral que marcó a varias generaciones de madrileños y gente de fuera que vino aquí buscando su sitio y una oportunidad en la vida.
Gracias, estés donde estés, por formar parte de mi baúl de los recuerdos bonitos...

Siempre habrá en nuestras vidas esos lugares especiales que formaron parte de tí, lugares en los que viviste momentos irrepetibles.
Un día pasas por delante y lo ves cerrado y piensas: "Habrán cerrado por vacaciones o por algún motivo familiar", pero el caso es que pasas uno y otro día día y sigue cerrado.Hasta que un día ves un enorme cartel de inmobiliaria que dice " Se vende" y una sensación de nostalgia y tristeza te invade porque no podrás vivir mas preciados momentos de charla, confidencias y amistad en ese lugar que formaba ya parte de tu imaginario personal.

Sidreria Corripio en Calle Fuencarral

Con el tiempo pensé que esa sensación se iría de mi cabeza, pero lo cierto es que continuo recordando con cariño aquella sidreria de toda la vida en la Calle Fuencarral donde pasé momentos inolvidables en una de las mejores épocas de mi vida. Por ello,creo que es justo rendirle un pequeño homenaje en este humilde blog a la Sidreria Corripio que fue, es y será un símbolo de ese Madrid tradicional del siglo XX que está desapareciendo poco a poco para dar paso a multitud de franquicias que publicitan la tradicional comida española a base de "tapas". Por extensión es también un homenaje a infinidad de tascas y tabernas que han ido desapareciendo y que seguro formaron parte de la vida de muchos madrileños: El Anarquista, El Maragato, El Pepinillo, Bodegas Jiménez, Casa Antonio, Los Gabrieles, El Palentino...
Creo que el primer día que entré en el Corripio tendría dieciséis o diecisiete años y lo primero que me fascinó fue todo,la verdad. Esas tinajas inmensas de vino a la vieja usanza de taberna de toda la vida, la disposición perfectamente alineada de infinidad de botellas que podías comprar como en las mejores y más castizas bodegas o la barra y los grifos de cerveza, vermut y sidra.
El Corripio olía a bodega pero también a frito, en el sentido más positivo, porque ahí se hacían de los mejores bocadillos de calamares que he probado en mi vida. También podías comer unas fantásticas empanadas y como no, una buenísimas patatas bravas blanditas por dentro y crujientes por fuera por poco más de doscientas pesetas.

Interior de la Sidreria Corripio

¿ Y para beber...? Pues entre otras cosas Vino Triste o Vino Alegre, dos tipos de vino que entraban fácil y que pegaban como un demonio pero que te hacían hablar y hablar y compartir grandes conversaciones con propios y extraños.Porque la atmósfera que se respiraba aquí era sana,muy sana.También tiraban unas buenas cervezas y ponían un vermut fabuloso.
Pero lo que no olvido es la amabilidad y el buen hacer de la familia que durante lustros regentó el Corripio. Eran personas llanas y trabajadoras que una vez te conocían y cuando la carga de trabajo se lo permitía, te regalaban alguna palabra o charla amable e incluso te rellenaban un poco el mini de sidra o vino como invitación de la casa...
¿ Por qué cerró el Corripio ? Pues no sé, quizá porque después de una larga vida de trabajo, ya era hora de que los dueños disfrutasen de un poco de tiempo para ellos y sus familias. El caso es que de mi vida se fueron sin avisar y sin poderme despedir del lugar que tan buenos ratos me hizo pasar. Y hoy, varios años después quiero decir con cierta morriña: Gracias Corripio, hasta siempre.
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