miércoles, 22 de julio de 2020

Bodega Cristo del Humilladero: La Encrucijada del vino

Cadalso de los Vidrios, como muchos otros pueblos de España, se halla en una encrucijada de caminos. A escasos kilómetros de la provincia de Ávila y la característica Sierra de Gredos que han hecho suya a pesar de que abarca también otras provincias y a escasos kilómetros de la llanura toledana de Almorox. Los vientos cálidos de la planicie manchega contrastan con las noches frescas de la sierra, aportando a la zona un clima más que propicio para el cultivo de la vid.
Fue allá por el año 1957 cuando un grupo de 80 personas del pueblo, agricultores o simplemente propietarios de tierras y viñedos deciden fundar la Cooperativa del Cristo del Humilladero. Eran tiempos difíciles en una España que no terminaba de arrancar y en donde numerosos hombres de campo se asociaban para tratar de dignificar la profesión, conseguir un precio justo por su trabajo y tratar de unificar criterios en la producción vinícola.
Con el tiempo y la llegada del siglo XXI, la enorme competencia imperante en el sector y el aparato publicitario de las grandes bodegas han hecho que muchas cooperativas de nuestro país no hayan podido o sabido adaptarse a los nuevos tiempos, llegando incluso a desaparecer.
Este no es el caso de la Bodega Cristo del Humilladero, que ha sabido conjugar la tradición y la viticultura clásica de los vinos de pueblo con nuevos avances y maneras de elaborar. 



Las más de 100 tinajas de hormigón podrían albergar más de un millón de litros de vino que sin embargo no albergan más de 500.000 litros por vendimia, apostando por los vinos de calidad y las elaboraciones varias.
Garnacha, Tinta de Toro, Syrah, Graciano, Merlot, Listán Prieto y Albillo son las armas de la bodega para elaborar vinos con una gran relación calidad - precio que no solo llenan las vinotecas de los restaurantes de la zona, sino que también se exportan a países como Finlandia o Estados Unidos.
Lo especial de las instalaciones no ha pasado desapercibido para muchos productores de vinos que se salen de la norma y que han querido utilizarlas para ensamblar vinos de montaña con carácter propio, como son las famosas garnachas del Comando G.
Aquellos hijos y nietos, unos 120 en la actualidad, de los que hace ya más de 60 años comenzaron el sueño de la Cooperativa, luchan con ilusión y esfuerzo contra la adversidad para preservar un legado no solo material, sino también inmaterial como son esos vinos de pueblo, de carácter indómito, mimados por las nuevas tecnologías pero con el alma de la tierra en donde han nacido.
La bodega Cristo del Humilladero bien merece una visita  para no olvidar el origen del vino de pueblo, porque el Enoturismo no es únicamente la visita de bodegas estandarizadas, sino también la vuelta a los orígenes.
Saber de donde venimos para saber hacia donde nos dirigimos...

Bodega Cristo del Humilladero
Calle Extramuros s/n
Cadalso de los Vidrios
Visitas: Sí
Actividades en bodega: Sí
Organización de eventos: Sí
Tlf: 91 8640063
email: bodegacadalso@gmail.com
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miércoles, 13 de mayo de 2020

Sidreria Corripio: El Madrid que hemos perdido

Hace algunos meses me encontraba tomando un vermut en uno de esos bares de Madrid que se han ganado a sueldo su fama por la simpleza, en el mejor de los sentidos, de su oferta. Lugares de barrio sin florituras en donde te miman con buenas tapas de toda la vida y charla amable si la pides. El Churruca, es uno de esos bares que sobreviven al postureo imperante de Tribunal y Malasaña porque es un bar sin pretensiones. Allí apareció un hombre alto y vigoroso a pesar de su edad ya algo avanzada. Sin duda, le reconocí al instante. A pesar de mi timidez, me acerqué a él y le comenté que iba mucho a su bar, El Corripio, hace 20 años, cuando empecé a salir con mi mujer. Al hombre y a su mujer le hizo una ilusión tremenda. La parte negativa y triste vino cuando le pregunté por su hermano, aquel camarero afable que hablaba con nosotros y nos rellenaba gratis de vez en cuando el mini de vino alegre, un vino dulce tipo moscatel suave como el viento de verano. Me comentó que había muerto hace un par de años y eso me entristeció, como si me hubiesen arrancado una parte de mi juventud. Como considero que en la vida debemos recordar a las personas que de una u otra manera nos han marcado, quiero recuperar el artículo que escribí hace ya siete años sobre este emblemático lugar de la calle Fuencarral que marcó a varias generaciones de madrileños y gente de fuera que vino aquí buscando su sitio y una oportunidad en la vida.
Gracias, estés donde estés, por formar parte de mi baúl de los recuerdos bonitos...

Siempre habrá en nuestras vidas esos lugares especiales que formaron parte de tí, lugares en los que viviste momentos irrepetibles.
Un día pasas por delante y lo ves cerrado y piensas: "Habrán cerrado por vacaciones o por algún motivo familiar", pero el caso es que pasas uno y otro día día y sigue cerrado.Hasta que un día ves un enorme cartel de inmobiliaria que dice " Se vende" y una sensación de nostalgia y tristeza te invade porque no podrás vivir mas preciados momentos de charla, confidencias y amistad en ese lugar que formaba ya parte de tu imaginario personal.

Sidreria Corripio en Calle Fuencarral

Con el tiempo pensé que esa sensación se iría de mi cabeza, pero lo cierto es que continuo recordando con cariño aquella sidreria de toda la vida en la Calle Fuencarral donde pasé momentos inolvidables en una de las mejores épocas de mi vida. Por ello,creo que es justo rendirle un pequeño homenaje en este humilde blog a la Sidreria Corripio que fue, es y será un símbolo de ese Madrid tradicional del siglo XX que está desapareciendo poco a poco para dar paso a multitud de franquicias que publicitan la tradicional comida española a base de "tapas". Por extensión es también un homenaje a infinidad de tascas y tabernas que han ido desapareciendo y que seguro formaron parte de la vida de muchos madrileños: El Anarquista, El Maragato, El Pepinillo, Bodegas Jiménez, Casa Antonio, Los Gabrieles, El Palentino...
Creo que el primer día que entré en el Corripio tendría dieciséis o diecisiete años y lo primero que me fascinó fue todo,la verdad. Esas tinajas inmensas de vino a la vieja usanza de taberna de toda la vida, la disposición perfectamente alineada de infinidad de botellas que podías comprar como en las mejores y más castizas bodegas o la barra y los grifos de cerveza, vermut y sidra.
El Corripio olía a bodega pero también a frito, en el sentido más positivo, porque ahí se hacían de los mejores bocadillos de calamares que he probado en mi vida. También podías comer unas fantásticas empanadas y como no, una buenísimas patatas bravas blanditas por dentro y crujientes por fuera por poco más de doscientas pesetas.

Interior de la Sidreria Corripio

¿ Y para beber...? Pues entre otras cosas Vino Triste o Vino Alegre, dos tipos de vino que entraban fácil y que pegaban como un demonio pero que te hacían hablar y hablar y compartir grandes conversaciones con propios y extraños.Porque la atmósfera que se respiraba aquí era sana,muy sana.También tiraban unas buenas cervezas y ponían un vermut fabuloso.
Pero lo que no olvido es la amabilidad y el buen hacer de la familia que durante lustros regentó el Corripio. Eran personas llanas y trabajadoras que una vez te conocían y cuando la carga de trabajo se lo permitía, te regalaban alguna palabra o charla amable e incluso te rellenaban un poco el mini de sidra o vino como invitación de la casa...
¿ Por qué cerró el Corripio ? Pues no sé, quizá porque después de una larga vida de trabajo, ya era hora de que los dueños disfrutasen de un poco de tiempo para ellos y sus familias. El caso es que de mi vida se fueron sin avisar y sin poderme despedir del lugar que tan buenos ratos me hizo pasar. Y hoy, varios años después quiero decir con cierta morriña: Gracias Corripio, hasta siempre.
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miércoles, 15 de abril de 2020

Los raritos del vino: Demencia Wines

Cuando os habéis topado con el nombre de este artículo, quizá os haya llamado la atención e incluso habréis pensado en la expresión peyorativa de "rarito". Nada más lejos de la realidad. Es más, este artículo es una oda a los raritos, a los valientes del vino que arriesgan para traernos elaboraciones diferentes, con personalidad, alejados en ocasiones del clasicismo y las elaboraciones estándar.
Hace unos meses asistí a la presentación de los vinos de Demencia Wines en La Canibal, un lugar del que ya os he hablado y que se ha convertido en el templo madrileño de los vinos artesanales y naturales y en donde nos dan la oportunidad de vez en cuando de conocer proyectos interesantes como este.
Fue allá por 2006 cuando el vallisoletano Nacho León decidió apostar por un proyecto en la zona de Villafranca del Bierzo. Tres hectáreas y media de terreno minifundista distribuido en varias parcelas conforman este verdadero banco de pruebas y filón de la verdadera alquimia que se realiza para conseguir esos vinos diferentes, característicos y de gran calidad. Los comienzos no fueron fáciles, nunca los pioneros lo han tenido fácil. Hace 15 años en España quién se lanzaba a hacer vinos de manera más artesanal o vinos naturales era un suicida y por qué no decirlo, algo incomprendido. Mientras en Francia llevaban ya varias décadas haciendo este tipo de vinos, aquí solo unos valientes se decidían a lanzarse a la piscina. El proyecto inicial era el de poner en valor la uva mencía y su potencial buscando un criterio en viticultura y elaboración. La filosofía hoy sigue siendo la misma aunque también adaptándose a nuevas nuevas tendencias y respondiendo a éstas.
Esta es una de las ocasiones en la que podemos decir, sin genero de dudas, que el terroir importa. Suelos franco-limosos en un microclima de transición Continental-Mediterráneo y Atlántico. Viñedo mayoritariamente viejo de más de setenta años y cepas en vaso en donde no se usa herbicidas. En cuanto a la vendimia se realiza manual en pequeñas cajas para conservar todo lo posible la uva en las mejores condiciones.

Nacho León, artífice de Demencia Wines, presentando sus vinos





El resultado, como he dicho antes, son vinos característicos, algunos de ellos diferentes de los clásicos vinos de El Bierzo, vinos muy personales y en donde el terruño se expresa en su máxima expresión.
Demencia, Pyjama y Cachicán son los tres proyectos principales, cada uno con su propia identidad.

Demencia Mencía fue el primer vino de este proyecto en 2006. Un vino que muestra la manera de entender la elaboración artesanal sin renunciar a la calidad y la ambición de realizar un buen vino de guarda. Un vino realizado solo en las mejores añadas y que "espera" al menos cinco años desde la vendimia para ser comercializado. 
Más tarde llegaría Demencia Godello, un vino proveniente de cepas viejas con una elaboración muy artesanal. Un Godello con crianza, glicérico, estructurado y con buena acidez.
La línea Pyjama se caracteriza por ser vinos versátiles y representan en su máxima expresión los vinos del Bierzo. El Mencía con su usual acidez y explosión frutal y el Godello con una aromaticidad brutal y un recuerdo rústico de las tierras bercianas.
Por último la apuesta más arriesgada, un verdadero banco de pruebas de otras variedades como la Tempranillo, Garnacha tintorera o Merenzao, presentes también en los viñedos de Demencia Wines. Elaboración artesanal al máximo exponente y una viticultura natural natural. Un vino natural elaborado a pequeña escala y criado en barricas muy viejas, algo diferente de verdad...
Y fuera de la zona del Bierzo, Taruguín, un tinto que proviene de la recuperación de viñas viejas en la zona de Soria en donde se ensambla la Tinta del país con una pequeña proporción de Albillo.

De locos está lleno el mundo del vino y menuda locura, gracias a ello podemos disfrutar de vinos diferentes, expresivos y con voz propia. En el mundo del vino como en la vida, quien no arriesga no gana. Gracias a quien arriesga, los que amamos el vino de verdad, los intrépidos que probamos y probamos sin miedo a salirse del mainstream vinícola, podemos apreciar esos vinos desnudos y a su vez poderosos que expresan un terruño tan particular como el berciano.
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