martes, 10 de diciembre de 2019

Vivir el vino en dos minutos: Bodega Urbana

Hay que reconocer que su ubicación no es la más glamurosa del mundo, no esperes viajar a la Castellana para venir aquí, más bien tendrás que llegar a un curioso Polígono Industrial en Las Rozas en donde conviven concesionarios de coches, naves industriales de lo más variopinto, bares de copas y restaurantes con una oferta más o menos variada.
Lo que hace especial este lugar es su originalidad, tanto en propuesta culinaria como en arquitectura. Una pequeña bodega te da la bienvenida. La Bodega Urbana no es sino una sala en donde puedes elegir el vino que vas a beber durante la cena. Varios depósitos de acero albergan varias variedades de uva como Garnacha, Merlot, Cabernet Sauvignon o Monastrell. Además del coupage propuesto por el restaurante, que va cambiando cada mes, puedes hacer tus propias mezclas supervisado por el enólogo que, probeta en mano, buscará tu mezcla perfecta y que podrás llevarte a casa embotellada en el mismo lugar. Aunque en la bodega no se realiza ningún tipo de proceso de elaboración, el vino de las diferentes variedades proviene de diferentes bodegas de reconocidas zonas vitivinícolas y os aseguro que el vino que probé, un tempranillo crianza de la zona de Roa, en Ribera de Duero, tenía unos aromas bastante expresivos y un tanino pulido.

Bodega Urbana en Las Rozas


La carta, aunque no demasiado extensa, cumple con creces las expectativas con platos en donde se combina lo tradicional con la cocina creativa. A destacar, entre otros platos, la coca de sardina, los raviolis de carne de pato y setas o cualquiera de sus carnes y pescados como plato principal. Carta de platos y de vinos a precios más que razonables.
En cuanto al servicio he de decir que es excelente y aunque nuestro camarero se puso algo nervioso al hacerle alguna pregunta sobre el vino servido (tranquilo amigo, no soy un crítico de la Guia Michelín), estuvieron siempre atentos a que no faltase de nada y midiendo bien los tiempos del servicio. En definitiva, un lugar diferente para disfrutar del vino y de propuestas culinarias distintas...

Bodega Urbana
P.I. Európolis, Calle Copenhague, 8, 28232 Las Rozas, Madrid
Horario: Domingo a Miércoles: 13:00 a 00:30h
Jueves, Viernes y Sábado: 13:00 a 02:00h
Horario Cocina: 13:00 a 17:00 y 20:00 a 23:30

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lunes, 2 de diciembre de 2019

De cobardes y vino (está lleno el mundo)

Hoy quiero hablaros de ciencia ficción, pero también de la cruda realidad. Imaginad que estáis de fin de semana en Logroño, ya sabéis de que va la cosa: mucha bodega, un poco de cultura y naturaleza y tapeo en la mítica calle Laurel. Entráis en uno de los bares de esta calle y pedís un Rioja. El camarero os contesta "Lo siento, no tenemos. Tenemos Jumilla y Valdepeñas". Ahora entendéis cuando os hablaba de ciencia ficción. Es el momento de la cruda realidad. La semana pasada salí, como tantas veces, a tomar unos vinos por Madrid. En los tres bares que estuve pregunté que qué vinos tenían y la respuesta fue la misma, Rioja o Ribera. Creo que en el último bar mi cara debió ser un poema porque no me pusieron tapa cuando al resto sí y tuve que robarles alguna patata frita del cuenco para pasar ese tinto ribera medianero de conocida bodega que me habían servido a precio de Moet Chandon. Ahora bien, explicada la realidad vamos a la raíz del problema y empezaré por el hostelero. En uno de los stand del Salón de los Vinos de Madrid que visité recientemente, escuché como un hombre le decía al bodeguero que tenía dos restaurantes pero que no servían ningún vino de Madrid. Lo sé, quizá no debí meterme en esa conversación, pero en mi particular cruzada porque nuestros vinos ocupen el puesto que se merecen en las casas y en los establecimientos de hostelería, decidí hablar. Lo único que le dije al hostelero de marras, y siempre de buen rollo, es que deberían tener más vino de Madrid en los bares y restaurantes madrileños. Su respuesta, no por esperada, fue para mí como una de esas pequeñas decepciones que te hacen creer que el mundo está lleno de cobardes y conformistas a pequeña escala. Me respondió que nadie pide vinos de Madrid y que sus camareros además tenían mucho trabajo y no podían pararse a ofrecer o explicar al cliente uno de estos vinos.Para el lo fácil era ofrecer Rioja o Ribera. Desconozco el nombre de los restaurantes de este hombre sumido en la desidia vinícola que impera en la hostelería madrileña y no sé si la calidad de sus platos será buena, seguramente sí, pero en cuanto a servicio del vino se retrató el mismo.

¿ Ribera o Rioja,caballero...?

Volvamos a la ciencia ficción, al igual que es impensable que acudas a un bar de Logroño y no te sirvan Rioja o a uno de Valladolid y no te sirvan Ribera, esto debería ocurrir también en Madrid. Tenemos buenísimas bodegas y vinos excepcionales que no terminan de llegar al público en general, aquel que chatea en los bares y restaurantes más allá del circuito de vinotecas y enotecas de la capital. Después de reflexionar mucho, la culpa no es sólo del hostelero cobarde que busca el mayor margen de beneficio con su carta de vinos mainstream, también es del consumidor de vino que, influido por las creencias y prejuicios del vino y por las campañas de marketing de poderosas DO`s , no se atreve a catar nuevas variedades y nuevos vinos de su propia tierra. En Madrid, no sé si por ser una comunidad tradicionalmente de acogida o por otros factores, nos falta ese sentido de comunidad entre nosotros, el yo te ayudo tu me ayudas. Yo compro y sirvo tus vinos en mi restaurante y tu me promocionas en tus redes. Cada vez que visito una bodega de la Comunidad de Madrid y comentó con el bodeguero el problema de la presencia de nuestros vinos en bares y resturantes siempre me dicen lo mismo, "pedid vino de Madrid". En mis años de experiencia en el mundo del comercio y de la venta, tal como ocurre como en otros sectores, me he dado cuenta que no hay nada más poderoso que el boca a boca. Gracias a ello, hoy en día muchas pequeñas bodegas que comenzaron con mucha dedicación e ilusión se han hecho un hueco en el podium de la enología.
Al amante del vino, da igual su nivel de conocimiento le digo que no tenga miedo, que pida y pruebe el vino local, que se salga de la norma porque seguro que se sorprenderá, porque de cobardes y vino está lleno el mundo...
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viernes, 15 de noviembre de 2019

De salones y ferias de vino: Catar la pasión...

Hoy quiero hablaros de ese maravilloso universo de los salones y las ferias de vino, un microcosmos donde los asistentes que acuden les mueve diferentes motivaciones. En mi caso y desde hace algo más de un año que comencé a ser asiduo a estos salones y después de varios cursos de enoturismo, enología y cata, mi motivación es la de continuar aprendiendo de los magníficos vinos que se elaboran en España y absorbiendo conocimientos. Suena romántico, lo sé, pero como ya he mencionado en otras ocasiones, no concibo el vino si no es desde una visión romántica.
En todos los salones a los que ya he acudido en mi breve pero intensa andadura en el mundo del vino he podido encontrar prácticamente la misma estrategia de comunicación de las bodegas, eso si, con distinta suerte. Como uno de esos perfiladores psicológicos presentes en las series de televisión tipo CSI o Mentes Criminales, me he permitido el lujo, sin mala intención, de crear diferentes perfiles de comercial, sumiller, responsables de comunicación u otros cargos relacionados con las bodegas presentes en estos salones y que se ocupan de tratar de transmitir la filosofía de los vinos y "vender" sus virtudes:


  • El Profesional: Lo sabe todo del vino y su bodega. Es capaz de explicarte de una forma aséptica cada proceso de elaboración y puede decirte casi con exactitud el año que se plantó el roble de donde ha salido esa barrica utilizada para los vinos. Pero el profesional es aséptico, sabe mucho y lo repite todo como un mantra, pero sin pasión.
  • El Desmotivado: A este perfil le dedicaré pocas palabras, basta decir que está ahí porque tiene que estar hasta la hora de cierre del salón, cuando recoja sus bartulos y se vaya a hacer otras cosas más interesantes para ella o él.
  • El Relaciones Públicas: Es un excelente comunicador, pero no contigo que deseas saber más sobre sus vinos o su bodega. Ella o él te sirve el vino despreocupadamente mientras comenta cualquier cosa con la persona de la mesa de al lado o te suelta un lacónico " Perdona" para salir de su stand a saludar a no sé quien que conoció en no sé cual salón de vinos anterior.

Fenavin, el no va más de las ferias




  • El Heredero: Le preocupa bastante que se le acaben las botellas de vino de degustación, por lo que te sirve unas gotitas para mojarte los labios, que para catar no hace falta mucho más. En una ocasión, volví a una mesa con un compañero para que catase ese vino que me pareció tan bueno y la persona en cuestión me dijo que no me volvía a servir porque ya lo había probado y se le acababan las botellas...
  • El Apasionado: He dejado este perfil para el final porque creo que es el ideal y, por fortuna, es el que más abunda en los salones y ferias de vino. El apasionado es una conjunción perfecta de profesionalidad y pasión. Sabe transmitirte la filosofía de su bodega y lo que los vinos expresan, apoyado en explicaciones técnicas de forma amena y distendida. Puedes mantener una interesante conversación sobre vinos durante un buen rato y se ve que, al igual que tú, disfruta del intercambio de conocimientos y opiniones.
La conclusión de todo esto, más allá del sarcasmo, es que el mundo del vino es tan cautivador que debemos ponerle pasión ya que hay mucha gente ahí fuera formándose que daría lo que fuese por poder transmitir sus conocimientos  y su amor por la viticultura.
Por todo ello no tengo más que deciros que dejad que los vinos se acerquen a mí... 


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