domingo, 2 de febrero de 2020

Finca La Mejorada: De Historia y vino

Mañana fría de invierno, de esas castellanas de viento cortante que cala hasta los huesos. Para llegar a Finca La Mejorada, hay que dejar la carretera comarcal para seguir un camino de tierra que cruza por encima de las vías del AVE y que de sopetón se adentra en un bello paisaje de pinares y viñas hasta llegar a la cerca de la finca, en donde una pequeña entrada arqueada te da la bienvenida y te sumerge de pronto en un paraje de siglos atrás. Parece mentira que entre esas vías de tren de progreso y fugacidad del tiempo y la calma y la quietud propia de una historia congelada en otro tiempo, exista tan sólo unos cientos de metros.
Allí me recibe Paloma, una persona que desde el principio se revela cercana y que enseguida se mostrará como una excelente anfitriona, gran conocedora del lugar a juzgar por la pasión con la que habla de las historias y los hechos que allí acontecieron.
Mientras paseamos me cuenta que el origen de esta finca se remonta al siglo XIV  cuando María Pérez, vecina de Olmedo, es mejorada en su herencia y por su gran devoción decide levantar una humilde ermita en estas tierras. Más adelante, ya en el siglo XV, los monjes jerónimos atraídos por el magnetismo del lugar deciden establecerse en el paraje y construyen un monasterio bajo el patrocinio de Fernando de Antequera, quien más tarde pasará a ser Fernando I de Aragón. El contador de éste, Velasco Hernández Becerra será quien construya una pequeña capilla de estilo mudéjar, que servirá como panteón familiar y que a pesar del tiempo aún conserva vestigios de la época y sucesivas modificaciones. De hecho, el retablo de esta capilla, realizado por el genial Berruguete, puede visitarse en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. El singular edificio es declarado monumento nacional en 1931. Durante siglos, la finca se convierte en lugar obligado de paso y por ella transitan personajes tan ilustres como los Reyes Católicos, Carlos I o el mismo Cristobal Colón. En la finca, los monjes, austeros y fieles al voto de pobreza, cultivan las vides con mimo. Después de siglos de apacible existencia, en el siglo XIX, el monasterio es saqueado por las tropas francesas y décadas después vendido por la desamortización de Mendizábal para más tarde caer en manos de la orden de los Dominicos en 1892 que explotarán las instalaciones como colegio además de con fines religiosos.
Los religiosos abandonan el  Monasterio en 1984 y comienza la decadencia de las instalaciones que por falta de conservación sufren un considerable deterioro.

Finca La Mejorada. Vino e Historia


Será en el año 2000 cuando el arquitecto Rafael Moneo, atraído por el magnetismo del lugar y la belleza oculta pero no perdida de las instalaciones emprende las tareas de restauración y transformación en bodega, respetando el origen de los edificios y dándoles un estilo funcional.
Aprovechando el amplio espacio alrededor de las dependencias y al otro lado de las cercas del recinto deciden plantar las variedades que formarán parte de las elaboraciones de la bodega, a saber: Tempranillo, Syrah, Merlot, Cabernet Sauvignon y una pequeña parte de Malbec. Diferentes tipos de suelo e inclinaciones en un corto radio de distancia permiten que se puedan realizar vinos de corte bastante diferente, vino que bien puede llamarse de parcela.
Con unos rendimientos de unos 2200 kilogramos por hectárea y una producción de entre 60.000 y 80.000 botellas por añada, los vinos de Finca La Mejorada aseguran unos estándares de calidad gracias también al trato que se le da a la uva. Mínima intervención química, vendimia manual y seleccionada al máximo, uso del pie de cuba en la fermentación alcohólica y uso de levaduras indígenas.
La crianza se realiza en barricas secadas a la intemperie durante 36 meses y de tostado medio, todo ello para darle el toque justo de madera y que la carga frutal y la expresión del terruño no se pierda por el camino. El resultado son 4 vinos que expresan cada uno en su contexto la filosofía del terroir y la conjunción de suelo, clima y variedad.
  • Villalar, su vino más joven con 6 meses de barrica y de la variedad Tempranillo. Un vino fresco, con buena carga frutal y que es sorprendentemente largo para ser un vino de sus características.
  • Las Norias, llamado así por estar plantado en el pago donde se encuentran las norias que abastecían de agua al monasterio. Un 100% Tempranillo con mucha fruta roja y negra, tostados y especiados. En boca es equilibrado y de tanino sedoso.
  • Las Cercas, llamado así por las tapias que rodean el monasterio, posee la fuerza de la Tempranillo y la finura y la elegancia frutal de la Syrah. Un vino que expresa a la perfección el terroir de la finca. Mineral, balsámico y con buena carga de fruta negra. En boca es carnoso, equilibrado  y de final largo.
Realizo la cata de estos vinos hablando distendidamente con Paloma cuando aparece Rafael que, después de saludarme con amabilidad, se sienta a la mesa con nosotros para acompañarnos. Durante unos minutos charlamos al abrigo del vino más especial de la bodega, Tiento, un coupage que solo ve la luz en los años inesperados, cuando las mejores uvas han alcanzado su madurez. Un vino de gran finura y equilibrio que se muestra poderoso en boca mostrando en su máximo esplendor el sentido del terruño de La Mejorada.

Rafael Moneo y los vinos de La Mejorada

Una charla amable y pausada en donde encuentro una persona con la mirada curiosa, más propia de un zagal que de un reconocido arquitecto curtido en mil batallas. Un apasionado del vino que ha sabido integrar a la perfección viticultura y arquitectura como se integra la finca y sus viñas en la soñolienta y fría tierra de pinares y que bien merece una visita para sentir el peso de la historia y el sentido del vino.


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lunes, 20 de enero de 2020

La Caníbal: Los nuevos románticos del vino

Al escribir este artículo sufro un conflicto interno. Por un lado os estoy dando a conocer un lugar diferente y que sin duda merece la pena ser visitado. Por otro lado, como quien desea guardar su mejor secreto, no debería daros pistas de un lugar que sin lugar a dudas se está convirtiendo en un referente para los amantes de los vinos con mayúsculas y las cervezas artesanales. La razón es simple, Madrid es especialista en fagotizar lugares especiales y convertirlos en parroquias de postmodernos , en el mal sentido de la palabra. Y es que La Caníbal tiene algo que la hace especial, más allá de su decoración y lo que ofrece.
La Caníbal es un proyecto personal de grandes entendidos en enología y cervezas pero es mucho más, sobretodo el proyecto de amantes de los vinos  hechos con mimo, entusiasmo y alejados de convencionalismos y elaboraciones megalómanas.
Para acudir a La Caníbal hay que hacerlo con la mente abierta, por ejemplo admitiendo que hay vinos excelentes fuera de las botellas y que los vinos de grifo que sirven no solo son magníficos sino que son el resultado personal de formas de entender la viticultura de pequeños viñadores de diferentes regiones de España, una garantía de vinos con sello propio.
Lo bonito no solo es probarlos sino conocer de primera mano esos proyectos contados por los propios protagonistas en las catas que realizan frecuentemente. Creo que a los que amamos el vino nos gusta saber que detrás de cada sorbo, hay una historia y una forma de entender el vino.

La Caníbal: Vinos, cervezas, catas y gastronomía


Pero además de estos vinos de grifo también encontramos una selección de vinos, olorosos y espumosos que destacan por su calidad y que, al igual que los vinos de grifo, provienen de bodegas y productores con una forma de entender el vino desde la pasión, el esfuerzo y el trabajo.
Para acompañar esos vinos una carta bien seleccionada de quesos y platos con alma gallega como el pulpo, la empanada, el raxo o la tortilla de lacón y grelos.
No quiero terminar sin hablar del servicio, un grupo de profesionales con una buena formación en vinos y cervezas que sirven las bebidas como hay que hacerlo, en su copa adecuada (limpia) y a su temperatura adecuada y con una amabilidad exquisita, un hecho en vía de extinción en la metrópolis madrileña.
Lo dicho, quedaros con el nombre porque quizás en un par de días me arrepienta y borre este artículo para guardar el secreto para mí solo...


La Caníbal
Calle de Argumosa, 28.
Metro: Lavapies y Estación del Arte
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jueves, 9 de enero de 2020

Mis 7 vinos para el apocalipsis

Acabado el 2019, es hora de hacer balance y afrontar el nuevo año. Este año que acabó me deja sensaciones agridulces. Por un lado, la satisfacción de haber aprendido más que nunca sobre enología y haberme cruzado en este camino con grandes personas que le ponen pasión cada día a su labor por promocionar el vino de una u otra manera. Por otro, la sensación amarga de no terminar de llegar a todo el mundo y que mi esfuerzo e ilusión se vea un poquito más recompensada. Dicho esto, espero que el este 2020 sea un gran año, a pesar de los peores vaticinios que nos llegan de diferentes frentes. Por ello y ante las diferentes amenazas que sobrevuelan, a saber; cambio climático, gobierno de futuro incierto, zombies, espíritus o compañeros de trabajo tóxicos, entre otros, he decidido hacer mi propia lista de los mejores vinos para afrontar tal futuro desalentador. Durante todo el año he de leer listas del tipo " Los 10 mejores vinos por menos de 10 euros" , " Los 10 mejores vinos del supermercado" o " Los 10 mejores vinos gourmet ". Cada cual que saque sus propias conclusiones sobre estas listas que en ocasiones me resultan un tanto sospechosas en cuestión de imparcialidad y objetividad. Los 10 mejores vinos no existen, no nos engañemos.
Dicho esto, ahí van mis 7 vinos para el apocalipsis.

       1. Juan Gil Etiqueta Azul  (20 euros)

Un excelente vino de Jumilla en donde la uva Monastrell se nos muestra en todo su esplendor acompañada de Cabernet Sauvignon y  Syrah. Un vino complejo, concentrado pero de tanino suave y elegante. Para disfrutarlo en la mesa mientras hablas de política con tu suegro.   


      2. Calar del río Mundo  (18 euros)

Una grata sorpresa de los vinos de la Tierra de Castilla. Los viñedos de tempranillo plantados en el suelo volcánico del Campo de Calatrava le confieren a este vino unas notas minerales muy interesantes.Complejo, frutal y equilibrado. Un vino equilibrista que soporta a la perfección su complejidad. Para disfrutarlo bajo una lluvia de meteoritos.
     
      3. Mirlo Blanco  (37 euros)

Lo sé, no es el vino más barato del mundo (estamos acostumbrados a no rascarnos el bolsillo con los blancos), pero si estamos en medio del apocalipsis no nos debería importar comprar y degustar este excepcional coupage de albillo real, viognier y sauvignon blanc. Mineral, fresco, elegante y estructurado. Un vino elaborado con paciencia y cuidado. Un vino excelente.

Juan Gil        Calar del río Mundo         Mirlo Blanco

      4. Caíño Rosado de Abadia da Cova  (16 euros)

Viticultura heróica, es decir, jugarse el tipo en bancadas para lograr un vino expresivo, frutal y brutal a la vez que sutil y fresco. Una uva autóctona gallega para sobrellevar cualquier hecatombe. Vino ideal para una cita romántica en un refugio antinuclear.

      5. Garnacha de Bernabeleva de Navaherreros  (14 euros)

Una excelente garnacha de Madrid: potente pero de tanino suave cual piel de melocotón. Un vino que te golpea como un huracán pero te lleva suavemente de nuevo a la tierra. Lo puedes beber mientras esperas la llegada de cualquier terremoto que te hará la espera más llevadera.

      6. Enclave tinto de Finca los Aljibes  (24 euros)

Un vino albaceteño de variedad monastrell, un manchego con alma mediterránea que quita el sentido. Antes de que La mancha se convierta en el desierto del Sáhara debes probar este vino. Bálsámico, complejo en boca y persistente. Uno de los pocos vinos que me ha sorprendido este año...


Caíño Rosado   Bernabeleva     Gramona         Enclave


Cierro mi particular lista con el Gramona Imperial (16 euros), un cava brutal de burbuja fina con una crianza de 60 meses y unos toques chispeantes de manzana y bolleria. Un estupendo cava para disfrutar en cualquier ocasión, lo mismo si eres Anibal Lecter y te das un homenaje como si quieres brindar por el final de la III Guerra Mundial.

Bromas aparte, los vinos y espumosos de los que he hablado en este artículo han conseguido llegar a mi corazoncito en este 2019 y sorprenderme de una u otra manera, por su fuerza, por su originalidad o por alejarse del convencionalismo enológico.
¡Brindo por poder disfrutar de ellos y por que el mundo no se acabe...¡
¡Salud!

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