viernes, 8 de febrero de 2013

Tabernas de ayer y hoy: Bodegas Ricla

Aún existen en Madrid lugares en los que parece que el tiempo se ha parado, en donde la tradición y los tiempos en blanco y negro entran en simbiosis con la modernidad. Lugares de ayer y hoy en donde puedes imaginar el pasado en pleno siglo XXI. En Madrid 1000 Ciudades te invitamos a las Tabernas de ayer y hoy…

En una época en donde los lugares de siempre están cerrando a causa de la crisis y de las franquicias de bebidas y tapas low cost, actualizamos el post de Bodegas Ricla,como ejemplo de lugar genuino y que aguanta el tirón gracias al buen servicio, a la variedad de su bodega y la buena ubicación que posee.

Hoy visitamos Las Bodegas Ricla ( Calle Cuchilleros,6 ) con la sensación de haber sido transportados a una bodega de los años 40,en plena época de postguerra. Fundada en 1910 como taberna existía ya como bodega desde 1867.Su nombre proviene de un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza de donde eran sus propietarios originarios. Como dato curioso decir que se cuenta que durante la Guerra Civil sus sótanos sirvieron de refugio antibombas a los vecinos de la zona. La familia Lage regenta hoy este entrañable lugar en donde lo mismo encuentras a algún turista despistado con ganas de descubrir algo auténtico en Madrid  como a un senador tomándose un vino. De su serpentín mana esa cerveza bien fría y tirada de las que en pocos sitios se tira ya y la carta de vinos es bien variada y equilibrada con referencias que se alejan de lo más comercial. Cada semana es recomendado un vino, siempre de calidad. Si lo que prefieres es tomártelo  en casa también puedes comprar una de las botellas y pedirla para llevar pues no olvidemos que el Ricla es una bodega bodega…
Tampoco debemos olvidar el vermouth clásico que sirven, solo o mezclado con selz.












Con cada consumición recibirás de tapa un pequeño canapé de pan con alguno de sus magníficos embutidos:  salchichón, chorizo o queso; entre  otros. Pero la verdadera especialidad del Ricla son sin duda sus callos y sus albóndigas, platos hechos de forma casera por Ana María, Alma Mater del  Ricla y anfitriona de pro. Sus hijos te recibirán siempre con cortesía y harán que te sientas a gusto, fieles a su idea de mantener la esencia del lugar (no esperes ver una televisión aquí), un lugar donde charlar amigablemente con los amigos a cualquier hora del día, durante el aperitivo o antes de sumergirte en la noche de Sol o La Latina.
Por todo esto y más , no dudamos en recomendar este clásico lugar que descansa al abrigo de la Plaza Mayor y que esperemos perdure muchos años más y nos siga regalando una pizca de la autenticidad castiza.
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