miércoles, 13 de mayo de 2020

Sidreria Corripio: El Madrid que hemos perdido

Hace algunos meses me encontraba tomando un vermut en uno de esos bares de Madrid que se han ganado a sueldo su fama por la simpleza, en el mejor de los sentidos, de su oferta. Lugares de barrio sin florituras en donde te miman con buenas tapas de toda la vida y charla amable si la pides. El Churruca, es uno de esos bares que sobreviven al postureo imperante de Tribunal y Malasaña porque es un bar sin pretensiones. Allí apareció un hombre alto y vigoroso a pesar de su edad ya algo avanzada. Sin duda, le reconocí al instante. A pesar de mi timidez, me acerqué a él y le comenté que iba mucho a su bar, El Corripio, hace 20 años, cuando empecé a salir con mi mujer. Al hombre y a su mujer le hizo una ilusión tremenda. La parte negativa y triste vino cuando le pregunté por su hermano, aquel camarero afable que hablaba con nosotros y nos rellenaba gratis de vez en cuando el mini de vino alegre, un vino dulce tipo moscatel suave como el viento de verano. Me comentó que había muerto hace un par de años y eso me entristeció, como si me hubiesen arrancado una parte de mi juventud. Como considero que en la vida debemos recordar a las personas que de una u otra manera nos han marcado, quiero recuperar el artículo que escribí hace ya siete años sobre este emblemático lugar de la calle Fuencarral que marcó a varias generaciones de madrileños y gente de fuera que vino aquí buscando su sitio y una oportunidad en la vida.
Gracias, estés donde estés, por formar parte de mi baúl de los recuerdos bonitos...

Siempre habrá en nuestras vidas esos lugares especiales que formaron parte de tí, lugares en los que viviste momentos irrepetibles.
Un día pasas por delante y lo ves cerrado y piensas: "Habrán cerrado por vacaciones o por algún motivo familiar", pero el caso es que pasas uno y otro día día y sigue cerrado.Hasta que un día ves un enorme cartel de inmobiliaria que dice " Se vende" y una sensación de nostalgia y tristeza te invade porque no podrás vivir mas preciados momentos de charla, confidencias y amistad en ese lugar que formaba ya parte de tu imaginario personal.

Sidreria Corripio en Calle Fuencarral

Con el tiempo pensé que esa sensación se iría de mi cabeza, pero lo cierto es que continuo recordando con cariño aquella sidreria de toda la vida en la Calle Fuencarral donde pasé momentos inolvidables en una de las mejores épocas de mi vida. Por ello,creo que es justo rendirle un pequeño homenaje en este humilde blog a la Sidreria Corripio que fue, es y será un símbolo de ese Madrid tradicional del siglo XX que está desapareciendo poco a poco para dar paso a multitud de franquicias que publicitan la tradicional comida española a base de "tapas". Por extensión es también un homenaje a infinidad de tascas y tabernas que han ido desapareciendo y que seguro formaron parte de la vida de muchos madrileños: El Anarquista, El Maragato, El Pepinillo, Bodegas Jiménez, Casa Antonio, Los Gabrieles, El Palentino...
Creo que el primer día que entré en el Corripio tendría dieciséis o diecisiete años y lo primero que me fascinó fue todo,la verdad. Esas tinajas inmensas de vino a la vieja usanza de taberna de toda la vida, la disposición perfectamente alineada de infinidad de botellas que podías comprar como en las mejores y más castizas bodegas o la barra y los grifos de cerveza, vermut y sidra.
El Corripio olía a bodega pero también a frito, en el sentido más positivo, porque ahí se hacían de los mejores bocadillos de calamares que he probado en mi vida. También podías comer unas fantásticas empanadas y como no, una buenísimas patatas bravas blanditas por dentro y crujientes por fuera por poco más de doscientas pesetas.

Interior de la Sidreria Corripio

¿ Y para beber...? Pues entre otras cosas Vino Triste o Vino Alegre, dos tipos de vino que entraban fácil y que pegaban como un demonio pero que te hacían hablar y hablar y compartir grandes conversaciones con propios y extraños.Porque la atmósfera que se respiraba aquí era sana,muy sana.También tiraban unas buenas cervezas y ponían un vermut fabuloso.
Pero lo que no olvido es la amabilidad y el buen hacer de la familia que durante lustros regentó el Corripio. Eran personas llanas y trabajadoras que una vez te conocían y cuando la carga de trabajo se lo permitía, te regalaban alguna palabra o charla amable e incluso te rellenaban un poco el mini de sidra o vino como invitación de la casa...
¿ Por qué cerró el Corripio ? Pues no sé, quizá porque después de una larga vida de trabajo, ya era hora de que los dueños disfrutasen de un poco de tiempo para ellos y sus familias. El caso es que de mi vida se fueron sin avisar y sin poderme despedir del lugar que tan buenos ratos me hizo pasar. Y hoy, varios años después quiero decir con cierta morriña: Gracias Corripio, hasta siempre.
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4 comentarios:

  1. que tiempos de empanadas y vinos!!! yo tuve la suerte de conocerla en primera persona ya que fue mi primer trabajo me tire varios años poniendo bocadillos de calamares y sirviendo aquella maravillosa sidra achampanada.

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  2. Y no sabrás si las empanadas se pueden comprar en otro sitio ?. Gracias

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    Respuestas
    1. En Madrid hay varias tiendas especializadas en empanadas,unos lo elaboran directamente y otros las traen de Galicia,hay van dos enlaces.

      http://www.museodelpangallego.com/productos

      http://www.leiro-madrid.es/bienvenido/productos/panader%C3%ADa/

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    2. Anónimo (al igual que yo) se refería específicamente a las empanadas que servían allí. No las hacían en el local, y quizás el proveedor todavía esté activo. Me gustaba especialmente la de chorizo...que recuerdos

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