martes, 9 de abril de 2019

De Mesones, Bodegas y Cuevas: Un Madrid de otra época

Recupero este artículo que escribí ya hace un tiempo, actualizado con nuevas propuestas para disfrutar de una de las zonas con más encanto de la Comunidad de Madrid, lugares que recuerdan a otra época...
Parece mentira pero basta alejarse unos kilómetros del caótico tráfico de Madrid para encontrar pueblos y comarcas que aún conservan ese halo de antigüedad de siglos pasados, cuando los maltrechos caminos que llegaban a la ciudad estaban repletos de Mesones, Posadas y Bodegas donde beber y comer algo antes de proseguir el camino.
Una de las zonas ricas en este tipo de establecimientos era la que hoy discurre a los dos lados de la Carretera de Valencia. Pueblos como Arganda, hoy gran pueblo, Colmenar de Oreja, Morata de Tajuña, Valdelaguna, Villarejo de Salvanés o Chinchón han seguido conservando lugares que nos trasladan a siglos pasados. Os propongo un breve recorrido que se puede realizar en un día o dos por varios lugares que os transportarán a otras épocas.

A menos de media hora de Madrid encontramos el pueblo de Morata de Tajuña, cuyo origen se cree se remonta a una época anterior a la de los romanos y cuya vega nos brinda unos fabulosos vegetales que pueden ser comprados a pie de calle, como antaño, enfrente del lugar del que ahora hablaremos, El Mesón El Cid.
Aunque con una historia que se remonta a 1967, este mesón recuerda a los de otros siglos, sobre todo en su interior, con sus lugareños tomando vinos de Madrid y su gran salón de decoración clásica en donde poder degustar una cocina castellana tradicional. Pero sin duda el mayor reclamo de este paraje son los dos  pequeños museos que alberga. Su Museo Etnológico recoge utensilios de entre los siglos XVIII y XX que nos ayudan a entender mejor cómo vivían las gentes del campo de esas épocas.
Más impresionante aún es el Museo de la Guerra Civil en donde se puede revivir la cruenta Batalla del Jarama, que azotó la zona allá por 1937.Un museo donde admirar gran cantidad de material encontrado por la zona (casquillos, morteros, cascos de soldados...) y apoyado por fotos, planos y descripciones que nos harán reflexionar sobre la sinrazón de la guerra...
En Morata podréis visitar también las Bodegas Licinia, que han sabido posicionar su vino insignia Licinia como uno de los vinos más reconocidos de la denominación Vinos de Madrid.


Continuando por una de las carreteras secundarias de la zona llegamos al pueblo de Valdelaguna, que se remonta a la época de Enrique IV y en donde sus vecinos comenzaron a vivir en las cuevas de las zonas más altas para más adelante asentarse en viviendas y crear el núcleo urbano.
En este pequeño pueblo, además de encontrar varias casas rurales donde alojarse y visitar la zona, podemos visitar la fabulosa Bodega Pablo Morate, que realiza unos caldos más que correctos desde hace varias generaciones y que alberga el Museo del Vino, cuyo edificio data del siglo XV en las antiguas Bodegas de Manuel Godoy y en donde se muestran antiguos utensilios para la elaboración del vino. Otra parada obligada de la visita, Bodega y Museo os dará una visión auténtica de cómo en Madrid se posee también una gran tradición viticultora.

Abandonamos Valdelaguna y después de varios kilómetros de curvas por la sinuosa carretera que comunica los dos pueblos, llegamos a Chinchón, meta insuperable de nuestra ruta del buen comer, del buen beber y de cultura e historia madrileña...
Chinchón  es un lugar pintoresco donde los haya, sus calles estrechas de dibujo algo caótico y desordenado invitan a perderse por ellas y seguir el instinto de nuestro olfato, pues Chinchón huele a pueblo del pasado y a leña que alimenta los hornos de asar y las parrillas de sus restaurantes, esos otros lugares que han impreso al pueblo su carácter especial. Algunos lugares llamados pretenciosamente Mesones más como reclamo turístico que otra cosa son los menos, porque en Chinchón se come y muy bien después de haber admirado su imponente plaza cuya arquitectura y forma le ha servido para albergar comedias teatrales, autos sacramentales o corridas de toros. También merece la pena visitar su castillo, aunque sea por fuera pues es de propiedad privada, y observar la villa desde otra perspectiva...




Volviendo al tema del buen comer, Chinchón posee varios restaurantes donde poder admirar antiguas cuevas donde se conservaba el vino y que hoy en dia son utilizadas para el disfrute de los comensales. De los varios restaurantes que existen con cuevas destacamos el Mesón Quiñones, también llamado Las Cuevas del Murciélago en donde las veces que hemos acudido el trato ha sido excelente y la carta de gran calidad y a buen precio además de poseer una correctísima carta de vinos. No dudeís en pedir que os enseñen las cuevas a las que se accede por unas escaleras y os cuenten su curiosa historia.
Y si estáis cansados y necesitáis descanso siempre podéis alojaros en esas posadas modernas llamadas casas rurales, algunas de ellas edificadas sobre antiguas casas de labranza o casas de pueblo.
Mención especial merece la Bodega Del Nero, a la que dedique un artículo contando la visita que realice. Una pequeña bodega  en donde los métodos tradicionales junto con la pasión de la familia que elabora los vinos dan como resultado unos caldos con impronta personal, fiel reflejo de los vinos de la tierra. Esta bodega tradicional con sus tinajas de barro y su encanto de otras épocas bien merece una visita.


Plaza Mayor de Chinchón


No dejeís de hacer...

  • Compra algunos vegetales recien recolectados frente al Mesón El Cid, en Morata de Tajuña.
  • Visita los museos únicos que alberga  El Mesón del Cid.
  • Haz una visita guiada a las Bodegas Pablo Morate de Valdelaguna y conoce un poco más el mundo de los vinos madrileños.
  • Busca en los soportales de la Plaza Mayor de Chinchón un local donde varios hombres ancianos aún trabajan el mimbre como antiguamente y realizan diversos objetos con él.
  • Tómate una buena carne a la parrilla en las Cuevas del Murciélago y visita después sus singulares cuevas.
  • Degusta un buen vino madrileño en la noche en una de las terrazas de la Plaza Mayor de Chinchón mientras disfrutas del imponente conjunto arquitectónico. Os recomiendo el Valdeliceda de la Bodega Del Nero, un tinto crianza con gran personalidad.


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