viernes, 6 de abril de 2018

Navalcarnero: Villa de cuevas y vinos perdidos...

Adentrarse en Navalcarnero es como navegar en un barco hacia una isla paradisíaca en cuyo camino encontramos niebla y tormentas que nos impiden ver la belleza de las cosas. Decimos esto porque la primera impresión que se tiene al acceder por cualquiera de sus vias es la de un lugar en donde el rotondismo ha vencido a la sensatez y la falta de decoro inundan sus avenidas con innumerables esculturas de dudosa belleza artística. Nada más lejos de la realidad.
Basta acercarse más al centro histórico de esta villa para comprobar que a pesar del crecimiento urbanístico, aún conserva ese halo de pueblo de toda la vida, el de la gente conocida, las charlas a pie de acera con el paisano o el chateo en el bar de siempre. Porque los pueblos al fin y al cabo existen por los lugares y sus gentes y perdura su esencia por eso mismo, más allá de gestores o regentes más o menos honrados.
Navacarnero es fundada según se cuenta hacia 1499 por pastores segovianos, de hecho permaneció bajo el amparo segoviano bastante tiempo, hasta 1627 en donde los vecinos se hicieron dueños de su propio destino pagando a Segovia 22.000 ducados, dependiendo a partir de ese momento directamente del rey.
El 7 de Octubre de 1649, el rey Felipe IV y Mariana de Austria se casarían en el oratorio de la Casa de la Cadena y éste, como agradecimiento por la acogida del pueblo, decidió conceder dos años más tarde el título de Villa Real a Navalcarnero, nombre que llevan con orgullo desde entonces.
Vinculada tradicionalmente con el campo y sobre todo el vino, se dice que las bodegas de Navalcarnero abastecían a la mayoría de posadas y tabernas de la capital en los siglos XIX y principios del XX, la villa ha ido evolucionando hacia un modelo más industrializado y de servicios en donde las labores del campo, como en muchos otros lugares de la Comunidad de Madrid, han ido perdiendo peso a un ritmo atroz.
Hoy en día, Navalcarnero es una villa que conserva sus raíces y a su vez crece en sus afueras con la construcción de modernas zonas residenciales.
Para hacerse una idea de lo que fue la villa os señalaremos los lugares que pueden resultar representativos para como hemos dicho, trasladarnos al pasado, presente y futuro de Navalcarnero y que tuvimos la suerte de visitar hace unos días.




Para hacerse una idea de lo que fue, es y hacía donde se dirige Navalcarnero es fundamental visitar el Centro de Interpretación, una antigua casa de labranza típica convertida en museo y en donde en sus diferentes salas se muestra la historia y costumbres de Navalcarnero en diversos paneles y montajes representativos, incluyendo una representación de una antigua sala donde se almacenaban las tinajas y una de las muchas cuevas que existían en el pueblo en donde se conservaba el vino y otros alimentos.

Ya al aire libre, el epicentro de toda la vida de Navalcarnero se encuentra en la Plaza de Segovia, clásica plaza porticada como las de Colmenar de Oreja o Chinchón y en donde se realizan la mayoría de actos festivos, además de poseer varias terrazas donde ver la vida pasar mientras se toma el aperitivo. Esta plaza es historia viva de la villa y ha visto acontecer mil y una vicisitudes en el transcurrir del tiempo.

La Iglesia de la Asunción es lugar religioso por excelencia y su alta torre mudéjar es visible como un faro al final del acantilado desde casi cualquier punto del centro histórico de Navalcarnero. Su construcción data del siglo XVI y es de estilo renacentista. En su interior destaca su retablo mayor y la decoración barroca.

Un lugar curioso para hacerse una idea romántica de los antiguos colmados de principios o mediados del siglo XX es La Casa de la Lonja, una pequeña recreación de cómo era un comercio tradicional. Allí podemos encontrar el papel higiénico del elefante, las antiguas cacerolas San Ignacio o contemplar la belleza kitsch de las antiguas cajas registradoras doradas.

Como final de visita siempre nos podemos acercar a las Bodegas Muñoz Martín, una de las dos únicas bodegas que quedan en Navalcarnero.
Allí Rosa te mostrará el negocio familiar que ya va por la quinta generación. Una pequeña bodega en donde visitar su sala de cubas de acero inoxidable, sus imponentes cuevas antiguas y en donde te hablará personalmente del mimo con el que tratan a la uva y el esfuerzo que se realiza durante todo el año para conseguir unos caldos de calidad cargados de historias que contar en cada sorbo. La visita acaba con la cata de algunos de sus vinos y un aperitivo. Visita altamente recomendable para entender el mundo del vino desde una perspectiva sencilla y familiar.



Pero Navalcarnero no solo destaca por sus monumentos y conjunto histórico y lugares sino que también es un excelente lugar para degustar la mejor gastronomía heredada del campo como las migas o los asados y carnes típicas de Segovia, otra vez la influencia segoviana...
Las Cuevas del Tío Juanon, Las Cuevas del Carnero, Las Cuevas del Príncipe o La Hostería de las Monjas son solo algunos de los lugares donde degustar excelentes viandas y vinos, eso sí, rascándose un poco el bolsillo.
Si lo que prefieres es comer a base de raciones, tostas o cosas más informales, siempre puedes acercarte al Camelot, un bar de tapas que siempre está a rebosar (por algo será) y en donde la atención recibida es excepcional seas de donde seas. Los huevos rotos con jamón o la Ensalada con queso de cabra es de lo mejor que tienen.

Navalcarnero, a menos de una hora de cualquier punto de Madrid Capital, un lugar con encanto y cargado de historia que se merece un lugar privilegiado en los lugares turísticos de la Comunidad de Madrid, donde perderse por unas horas y olvidar el ruido de la ciudad moderna...


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