jueves, 3 de enero de 2019

Madrid centro: Tapas, Hawai y cante...

Cae la noche en Madrid y una legión de relaciones públicas de bares y restaurantes intentan atraer al turista o al caminante para que entren en sus locales y degusten su magnífica cocina estandarizada o sus copas de alcohol, sí, de alcohol y otras hierbas. Descuentos, tapas gratis, invitación a chupito, las chicas no pagan entrada...
Siempre he sido escéptico por naturaleza, por esa razón desconfio de cualquier oferta, invitación o ganga cuando salgo por Madrid o de turismo por cualquier parte del mundo.
Desde aquí os propongo mi propio plan nocturno por el centro de Madrid.
La receta es simple: Buenas tapas y raciones, un extraño cóctel en uno de los locales más kirsch de la capital y unos cantes en uno de los mejores y más divertidos kararokes.
Nuestra noche comienza en los alrededores de las calles Espoz y Mina, en donde abundan los lugares más tradicionales con aquellos que son más reclamo turístico que lugar de antaño.
La primera la tomamos en La Descubierta, un agradable local en la calle Barcelona con una buena selección de vinos por copas o por botellas y en donde suelen poner una rica tapa con cada consumición. Si os gusta el vino, os propongo Las Retamas, un magnífico crianza con D.O. Madrid.
Si decidís quedaros para degustar sus raciones lo podéis hacer, son buenas, pero os estaréis perdiendo el conocer para mí uno de los lugares más auténticos del centro.
Casa Toni (Calle de la cruz 14), del que ya he hablado en otros artículos, es uno de esos bares que para mí tiene encanto. Un bar de los de toda la vida, de esos de cristales pintados con las especialidades de la casa, de las fotos antiguas colgadas en las paredes y de camareros amables y serviciales que tratan bien al cliente, sea gato o turista.
Lo mejor, su vermú de grifo y su cerveza bien tirada. También tienen algún vino de Madrid.

Algunas especialidades de Casa Toni: Bravas y oreja

Y como no, sus raciones entre las que destacan una excelente oreja a la plancha, patatas bravas, calamares o croquetas, todo ello con ese toque casero que se va estilando cada vez menos en los locales de restauración de Madrid.

Ya con el estómago lleno, nos dirigimos a la Plaza de Santa Ana número 13 donde en una esquina encontramos el Mauna Loa, más conocido de toda la vida como el hawaiano. Un bar bizarro donde los haya y que no deja indiferente a nadie. 
La formula es sencilla: Camareros de camisa blanca que a veces de antípaticos llegan a ser graciosos, cócteles a base de ron en volcanes de porcelana y una atmósfera que casi te transporte a cualquier antro de Saigon más que a un local de Hawai.
El cóctel clásico que sirven engaña, cuidado. Parece suavecito y se bebe bien mientras se conversa entre amigos o en pareja pero después de beberlo y a la hora de levantarse, tu cabeza puede parecer un tiovivo.

El cóctel Mauna Loa, con sus aperitivos incluidos

Para culminar nuestra noche diferente, que mejor que acabar en un karaoke, y no cualquier karaoke.
En el 50 de la Calle Huertas, el Cheers os ofrece miles de canciones, literal, para que desatéis vuestra vena artística y os arranquéis o simplemente observéis a los que cantan mejor o peor. Puedes cantar en inglés, francés, italiano, alemán, hindi o ruso, y por supuesto en español.
En este local veréis cosas muy raras, cosas que jamás creeríais, como se dice en la mítica Blade Runner: Señores de 50 con traje cantando canciones de amor apaludidos por turistas veinteañeras de Arizona.
En definitiva, buen ambiente, personal simpático y precios más que decentes en las consumiciones sin consumo mínimo como en otros karaokes para poder cantar.

Espero que os haya parecido original el plan. Si lo hacéis, no dudéis en compartir vuestra experiencia y comentar vuestra opinión o anécdotas.

Y recordad, Vivid, Disfrutad y Compartid Madrid...



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