sábado, 16 de febrero de 2019

Casa Alberto: Tradición, buena mesa y el vino maltratado

Lo cierto es que la idea original de este artículo era hacer un repaso por la historia de este lugar más que centenario y que se ha convertido en uno de los referentes de las tabernas castizas de Madrid, por su historia, por donde se halla y por los personajes que han pasado por ella.
Ya había estado en más ocasiones como buen madrileño amante de lo castizo y ya que hacía tiempo que no pisaba el lugar, decidí volver para tener una impresión actualizada del lugar. Pero antes de contaros mi experiencia y ya que era la idea inicial, unos pequeños apuntes históricos del lugar.

Entrada a Casa Alberto en la Calle Huertas

Casa Alberto se funda en 1827 y después del Restaurante Hermanos de Botín, es considerado la taberna más antigua de Madrid.
Situado en un edificio de la misma época de su fundación en donde se encontraba un edificio anterior, del siglo XVII en donde vivió Miguel de Cervantes y en donde se dice que escribió algún capítulo del Quijote y su Viaje al Parnaso, casi nada...
Durante sus casi doscientos años de vida ha tenido innumerables dueños pero se han ido conservando bastantes elementos de la típica taberna madrileña como el mostrador de ónice, la pila con su librillo, la grifería o la decoración a base de fotografias antiguas y carteles evocadores con olor a viejo y aspecto amarillento.
Por ella han pasado toreros, literatos, artistas de todo tipo y personajes de la farándula española de ayer y hoy. Varias fotos recuerdan el paso de los numerosos personajes por la taberna.
En las últimas décadas se le ha dado otro aire a la carta y se han esforzado en ofrecer una gastronomía de calidad basada en los platos típicos madrileños y de cocina española (callos, rabo de toro, bacalao, manitas de cordero) e introduciendo algún plato más innovador como los tomates a la brasa o el boletus con jamón y huevo.
Despúes de este apunte histórico y gastronómico vamos al lío, mi experiencia allí. En una fría mañana de Febrero entro, me siento junto a la barra y hago la pregunta del millón a un camarero de esos de los de antes, de camisa blanca y aire solemne: ¿ Tienen vino de Madrid?.
Por supuesto, me responde él, el centenario. Eso de centenario me suena a brandy pero bueno, yo aún no sé de qué va la vaina...
En esto que le veo agacharse y del ultimo estante del mueble situado frente a la barra, ese que tiene botellas variopintas de todas las épocas posibles, coge una botella de vino ya abierta y me sirve una copa de esas ni muy llenas ni muy vacías, como mandan los cánones y me pone una tapita de torreznillos que hace que mis púpilas se dilaten como si me hubiesen suministrado alguna sustancia psicotrópica.

Vino de Madrid y torreznillos


En ese momento es cuando pienso, " mal augurio", vino a temperatura ambiente y abierto, ¿Desde cuando?, ¿Estará picado?, ¿Qué temperatura hace aquí?, la pesadilla de cualquier amante del vino.
Con miedo lo cato, picado no está, pero tiene la temperatura del agua de grifo en pleno agosto cuando esperas que esté fresquita y te llevas la decepción padre. Malo no está, sin ser un vino excelente, pero el servicio de éste es pésimo y me enfado con el mundo y con el camarero o con quien sea el responsable de velar por ello. ¿Por qué los ribera y rioja están en una bonita cubeta en la barra con unos hielitos para mantenerlo a una temperatura adecuada y me pones un madrid sacado de la ultratumba de la barra como si fuese un vino de segunda?.
En estas que le pido la botella al camarero para investigar y con desgana y mala cara me deja la botella esperando que se la devuelva al instante como si fuese a bebérmela allí mismo. Vino embotellado por Vinos Jeromín para los restaurantes y tabernas centenarias de Madrid. Es posible que sea el Puerta de Alcalá Reserva, pienso yo que he investigado en internet sin encontrar respuesta a mi pregunta del vino que es exactamente.
Pero la visita me depara una última sorpresa cuando pido la cuenta... ¡Cuatro eurazos!. Si señores, cuatro euros por una copa de vino a 22 grados. Podriamos discutir si los vale o no, pero la cuestión es que investigo y la copa de ribera o rioja la sirven a dos euros con setenta y cinco y a su temperatura idónea.
La conclusión que saco es que si los pocos lugares de restauración de la capital que tienen vinos de Madrid (de eso hablaré en otro artículo que también tiene miga la cosa) no cuidan el servicio de éstos y lo venden a altos precios, le estamos haciendo un flaco favor a la difusión de nuestros vinos y a la fidelización por los vinos de muchas bodegas madrileñas que se están esforzando por poner los vinos de Madrid en el mapa de la enología mundial.


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