viernes, 1 de marzo de 2019

Salón de Vinos Radicales: Crónica de un novato

Hace cosa de un mes, me saltó un tweet que hablaba de un Salón de Vinos Radicales. Intrigado comencé a investigar y, aunque no había mucha información, llegué a la raíz de la idea. El Salón de Vinos Radicales nació a partir de la idea del llamado Sindicato del Gusto, uno de tantos interesantes movimientos enogastrónomicos  que se alejan de los gustos estándares y que proponen un poco volver a la raíz, como ellos mismos dicen, "Orientar la mirada hacia lo pequeño para poder seguir disfrutando a lo grande". ¿ Y quiénes son ellos ?. Pues nada más y nada menos que Federico Oldeburg, José Peñin y Massimiliano Polles.
Claro está que esta suerte de agrupación de gastrósofos, así se denominan ellos mismos, levantó y aún siguen levantando ampollas en el mundillo de la enología más tradicional pues lo que apoyan en su salón de vinos, una enología de viñadores que producen vino de una forma tradicional, casi artesanal; choca en ocasiones con el actual panorama viticultor, "regado" de grandes grupos bodegueros y en algunos casos, grupos de inversión ajenos al mundo del vino.
Yo, que siempre me he considerado un poco reaccionario ( hasta donde me han dejado), no dudé y despues de unas gestioncillas conseguí mi acreditación para el evento.
LLegó el dia y allí que estaba yo como un chaval con zapatos nuevos y con una alergía de caballo que no me permitió catar los excelentes vinos como se hubiese merecido. Aún así pude disfrutar de un agradable rato de charla con bodegueros y bodegueras, enólogos y enológas, relaciones públicas y winelovers en definitiva como yo.

Catando excelentes vinos


Me centré sobre todo en las bodegas de la zona central de la península ya que la temática de este blog se centra en los Vinos de Madrid y zonas limítrofes y con mi pequeña guia del Salón en mano, muy completa por cierto, comencé a visitar mesas de aquellas bodegas que ya tenía previamente apuntadas.
He de decir que en algunas me trataron mejor y en otras peor, en una en concreto me trataron con tanto desdén, quizá porque no era un gran crítico o periodista, que caté uno de sus vinos y me fuí sumido en la más pura indiferencia ( no me dijeron ni adiós).
Pero por lo general, las bodegas me acogieron con gran respeto y tuvimos un ratito de agradable charla en donde me explicaban la filosofía de la bodega y sus vinos y se esforzaban en explicarme la elaboración y las características de los vinos que estaba catando.
De todas las mesas en las que estuve os hablaré de aquellas que más me gustaron por sus vinos, por su filosofía y por el trato recibido.

Valquejigoso ( Comunidad de Madrid)
La bodega del trebol de cinco hojas nace de un proyecto con gran entusiasmo y en donde prima el detalle y el afán de superación. El resultado de la aplicación de estos valores son vinos de gran complejidad y matices, vinos para grandes ocasiones que a buen seguro permanecerán en nuestro recuerdo y en donde se ve el resultado de las diferentes técnicas utilizadas como la plantación de las vides en terraza (zona alta) y en valle (zona baja). De los vinos catados me sorprendió muy gratamente Dehesa de  Valquejigoso, un tinto Tempranillo y Cabernet Sauvignon con 23 meses de crianza. También cabe destacar su Mirlo Blanco y uno de los buques insignias del proyecto, Valquejigoso V2, un vino de altos vuelos para ocasiones especiales.

Altolandón (Manchuela)
Situada  en  Landete (Cuenca) a una altitud de 1100 metros de altitud en la Bodega Altolandón se pueden permitir el lujo de crear vinos de calidad y llenos de expresión gracias a la diferencia térmica que le confiere la altitud y un grado de diferenciación por el cultivo ecológico que aplican en todas sus parcelas. Trabajan sobre todo con las uvas autóctonas de la zona, Moscatel, Bobal y Garnacha, a las que aplican los mejores cuidados para conseguir vinos de alta expresión pues como ellos mismos dicen, el vino se hace en la uva.
De los vinos catados me gustaron Doña Leo, un blanco seco hecho con uva moscatel de grano menudo, fresco y con gran recorrido y complejidad. De los tintos me quedo con su clásico Altolandón by Rosalia, un tinto 100% garnacha centenaria con fermentación en barrica abierta y posterior crianza en barrica de roble francés. Un vino con personalidad y sabor a otra época.
Vinos de altura para una bodega que ya vuela alto...

Más que Vinos (IGP Castilla)
En la provincia de Toledo muy cerca de Madrid se encuentra esta bodega singular, el sueño cumplido de tres amigos enólogos y amantes del vino que decidieron recuperar una típica bodega manchega en un lugar donde conjugar la tradición con el aire fresco de una nueva viticultura hecha desde la ilusión y los valores positivos que la amistad y la cooperación hacen florecer. Las uvas autóctonas céncibel, garnacha, malvar y airén son las protagonistas de unos vinos diferentes, alejados de los estándares de los vinos manchegos, más robustos y astringentes. Los vinos de Más que Vinos son caldos bien elaborados, con paciencia y esmero.
Me gustó mucho su Malvar, un vino elegante, con poca acidez y una untuosidad muy agradable que deja un buen recuerdo en boca.
También destaco su tinto La Plazuela, un vino con cáracter realizado en la antigua bodega que data de 1851 y que poseen en Dosbarrios. Es un vino con una crianza de 18 meses en bárricas nuevas y un año en ánfora. Corpulento y de final largo, este vinazo también forma parte ya de mi contenedor de recuerdos vinícolas. Muy recomendable.

Bodegas Calar (Tierra de Castilla)
Esta bodega fue quizá la que mejor supo transmitirme sus valores desde el entusiasmo con la que me hablaban de este proyecto que nació hace casi 15 años y que ya es una realidad.La receta parece sencilla, pero no siempre da sus frutos, cosa que no ocurre con Calar. La combinación de los métodos más tradicionales por no decir artesanos se conjugan con la última tecnología y con algo que no se puede comprar como es la pasión para elaborar unos vinos muy personales y singulares, también gracias a los suelos volcánicos del Campo de Calatrava sobre los que se asientan los viñedos. Los dos vinos que presentaron en el Salón me gustaron mucho.
Ábrego, un 100% cencibel con 9 meses de barrica. Muy tánico, fresco y con toques de frutos rojos potentes y con mucho punch.
Calar del Río Mundo es el buque insignia de la bodega y se nota. Sus doce meses de bárrica le confieren más cuerpo y en mi opinión es más redondo y evolucionado que Ábrego. Tiene un final largo y un retrogusto frutal de esos que te dejan moviendo la boca para encontrar cada matiz escondido. En definitiva, un vino que nada tiene que envidiar a esos que llamo yo los Rosalía de la enología, buenos vinos con una gran campaña de marketing detrás.

Grandes pequeñas bodegas es lo que me encontré en este mágnifico Salón de Vinos, organizado ejemplarmente y que además de permitirme estrenarme en el circuito de los salones de vino, me sirvió para corroborar lo que ya sospechaba, que hay verdaderas joyas escondidas en esas bodegas de pequeña producción  y que en ocasiones no pueden darse a conocer como se merecen en la gran metropoli de la enología española.
Os invito a investigar estas bodegas y sus vinos y otras, a navegar por internet, a probar vinos desconocidos que jamás hayáis oido porque en ocasiones los mejores descubrimientos se hacen desde la ignorancia...

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