jueves, 11 de julio de 2019

Vivir de etiqueta: El diseño importa

En una sociedad de consumo, globalizada y capitalista, el negocio del vino, como no podía ser menos se ha visto influido por el marketing en todas sus vertientes. Mercadotecnia, Branding o Social Media Plan son términos que ya forman parte de la enología, al menos en los grupos bodegueros y en las bodegas que pretenden ser algo en el mercado, nos guste o no.
La etiqueta y contraetiqueta se han convertido en un elemento a tener en cuenta en este nuevo panorama si de vender y atraer se trata. Lo visual de una etiqueta y su situación en el lineal, a la altura de la vista a ser posible, cuenta y mucho a la hora de la elección de un vino. Y es que según diversos estudios, el 20% de los consumidores, 1 de cada 5, basa su decisión de compra por la etiqueta de la botella. Es por ello que las bodegas echen el resto ultimamente en el diseño.
La etiqueta es un elemento importante para las nuevas bodegas para crear una imagen de marca, y en función del target, así crearán sus etiquetas. Si tenemos unos vinos clásicos, sobrios, con una producción tradicional, no tiene mucho sentido diseñar una etiqueta rompedora, de colores vivos e imágenes agresivas.
Igualmente, un vino moderno que pretendamos introducir en el target de gente joven no tendría mucha coherencia si le colocamos una simple etiqueta blanca con unos ribetes dorados y una descripción de cata aséptica.
La importancia del diseño de la etiqueta es pues de gran importancia para transmitir y también una inversión, ya que las etiquetas pueden suponer un coste para la bodega de entre 40 céntimos y un euro, en función del diseño, los materiales de la etiqueta y el número.

Etiqueta que vendió, vino que no fidelizó


Una vez diseñada la etiqueta en función del target y lo que queramos expresar viene lo más complicado.
Ya que la etiqueta, como hemos visto, "engaña" al 20%  del consumidor, tenemos que hacer que ese consumidor siga comprando nuestro vino. Aquí es cuando viene la parte más importante, que nuestro vino sea bueno...
Una etiqueta puede vender, pero ha de ser el vino el que fidelice. La etiqueta vende, el vino fideliza.
Si el vino es bueno, habremos ganado un fiel cliente para siempre o casi, si el vino no tiene punch, a ese consumidor ya no le "engañaremos" más. El buen vino fideliza y no sólo eso, en la enología ocurre que el fenómeno del boca-oreja puede ser mucho más potente que en otros sectores con lo que nuestros futuros seguidores se multiplicarán
En conclusión, el éxito de un vino no solo reside en su etiqueta, ésta es importante relativamente, sino en una conjunción de buen diseño, saber transmitir unos valores (el significado de ese vino) y de una buena calidad y una buena elaboración.
No quería terminar de exponer estas reflexiones sin nombrar un caso de éxito que aúna lo que he expuesto en el párrafo anterior.
Bodegas Matsu, creada en 2006 por Vintae, un proyecto joven y dinámico, han sabido en menos de 15 años acercar los vinos de Toro, vinos siempre con una fama de "duros" al gran público y sobre todo a un público joven que busca cada vez más la socialización con el consumo de vino. El pícaro, su caldo más joven y asequible ( unos 8 euros), ya es uno de los vinos trendy junto con otros como el extremeño Habla del Silencio.
El Recio y El Viejo completan la oferta para un público algo más exigente y que quiera sacar un poquito más de chicha al vino.
Matsu ha llegado al público con la fórmula sencilla ( aparentemente) de una buena etiqueta acorde con el nombre del vino y un vino bien elaborado.
Vivir de etiqueta es importante, pero en el vino, como en la vida, no todo es aparentar...

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