lunes, 2 de diciembre de 2019

De cobardes y vino (está lleno el mundo)

Hoy quiero hablaros de ciencia ficción, pero también de la cruda realidad. Imaginad que estáis de fin de semana en Logroño, ya sabéis de que va la cosa: mucha bodega, un poco de cultura y naturaleza y tapeo en la mítica calle Laurel. Entráis en uno de los bares de esta calle y pedís un Rioja. El camarero os contesta "Lo siento, no tenemos. Tenemos Jumilla y Valdepeñas". Ahora entendéis cuando os hablaba de ciencia ficción. Es el momento de la cruda realidad. La semana pasada salí, como tantas veces, a tomar unos vinos por Madrid. En los tres bares que estuve pregunté que qué vinos tenían y la respuesta fue la misma, Rioja o Ribera. Creo que en el último bar mi cara debió ser un poema porque no me pusieron tapa cuando al resto sí y tuve que robarles alguna patata frita del cuenco para pasar ese tinto ribera medianero de conocida bodega que me habían servido a precio de Moet Chandon. Ahora bien, explicada la realidad vamos a la raíz del problema y empezaré por el hostelero. En uno de los stand del Salón de los Vinos de Madrid que visité recientemente, escuché como un hombre le decía al bodeguero que tenía dos restaurantes pero que no servían ningún vino de Madrid. Lo sé, quizá no debí meterme en esa conversación, pero en mi particular cruzada porque nuestros vinos ocupen el puesto que se merecen en las casas y en los establecimientos de hostelería, decidí hablar. Lo único que le dije al hostelero de marras, y siempre de buen rollo, es que deberían tener más vino de Madrid en los bares y restaurantes madrileños. Su respuesta, no por esperada, fue para mí como una de esas pequeñas decepciones que te hacen creer que el mundo está lleno de cobardes y conformistas a pequeña escala. Me respondió que nadie pide vinos de Madrid y que sus camareros además tenían mucho trabajo y no podían pararse a ofrecer o explicar al cliente uno de estos vinos.Para el lo fácil era ofrecer Rioja o Ribera. Desconozco el nombre de los restaurantes de este hombre sumido en la desidia vinícola que impera en la hostelería madrileña y no sé si la calidad de sus platos será buena, seguramente sí, pero en cuanto a servicio del vino se retrató el mismo.

¿ Ribera o Rioja,caballero...?

Volvamos a la ciencia ficción, al igual que es impensable que acudas a un bar de Logroño y no te sirvan Rioja o a uno de Valladolid y no te sirvan Ribera, esto debería ocurrir también en Madrid. Tenemos buenísimas bodegas y vinos excepcionales que no terminan de llegar al público en general, aquel que chatea en los bares y restaurantes más allá del circuito de vinotecas y enotecas de la capital. Después de reflexionar mucho, la culpa no es sólo del hostelero cobarde que busca el mayor margen de beneficio con su carta de vinos mainstream, también es del consumidor de vino que, influido por las creencias y prejuicios del vino y por las campañas de marketing de poderosas DO`s , no se atreve a catar nuevas variedades y nuevos vinos de su propia tierra. En Madrid, no sé si por ser una comunidad tradicionalmente de acogida o por otros factores, nos falta ese sentido de comunidad entre nosotros, el yo te ayudo tu me ayudas. Yo compro y sirvo tus vinos en mi restaurante y tu me promocionas en tus redes. Cada vez que visito una bodega de la Comunidad de Madrid y comentó con el bodeguero el problema de la presencia de nuestros vinos en bares y resturantes siempre me dicen lo mismo, "pedid vino de Madrid". En mis años de experiencia en el mundo del comercio y de la venta, tal como ocurre como en otros sectores, me he dado cuenta que no hay nada más poderoso que el boca a boca. Gracias a ello, hoy en día muchas pequeñas bodegas que comenzaron con mucha dedicación e ilusión se han hecho un hueco en el podium de la enología.
Al amante del vino, da igual su nivel de conocimiento le digo que no tenga miedo, que pida y pruebe el vino local, que se salga de la norma porque seguro que se sorprenderá, porque de cobardes y vino está lleno el mundo...
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